lunes, 31 de octubre de 2011

Yo por mi

Mi nombre es Omar Muñoz, aunque me costó reconocerlo, de chiquito me llamaban “Nino” y yo creía que ese era mi nombre real, hasta que una de las tantas maestras psicópatas que pasaron por mi vida me generó el mas terrible conflicto de identidad al aclarar la situación. Tengo 26 años, soy morocho, mas bien negro, así me gusta más, negro, porque eso asusta a mucha gente. Mi pelo también es bien negro y un alborotado últimamente, tengo pequeños ojos marrones, nariz prominente, que no significa gigante, sino, tal vez, sólo grande; un oreja mas arriba que la otra, una pegada y la otra no, pero no se nota tanto; de mandíbula fuerte y actualmente adornada por una barba de tres o cuatro días;  tengo la línea de los dientes desviada, pero tampoco se nota, la mayoría están torcidos, sobretodo el colmillo derecho superior, que sobresale por en sima del resto de los dientes, mi favorito.

Mido 1, 76, mas o menos, mantengo mi cuerpo, otro hora atlético, con una intensa caminata aeróbica diaria, a causa de mi trabajo actual de cronista en una radio y canal de tv local (salimos en dúplex), en el cual me desempeño desde hace ya unos seis meses. Pero mi primer trabajo fue a los 18 años, cortando césped  en casa de un vieja insoportable, luego como repartidor en una distribuidora de productos alimenticios, duré un solo día; luego en una florería, renuncié al año y medio, no antes sin cantarle “las 40” al pelotudo que era mi jefe. También estuve trabajando en una panadería, dos días. Un tiempo después me invitaron a formar parte de un proyecto social sustentado por nación, del cual, cuatro años después, hoy en día aun soy coordinador, lejos de mis prejuicios de un primer momento. Trabajo con gente de bajos recursos y me gusta, esto, en su momento, me llevó a estudiar psicología social, cosa que en cualquier momento tiro por la borda, pues creo ya haber aprendido todo lo que esta  carrera me podía enseñar.

Si, lo admito, soy un poco creído, soberbio pero al menos lo admito. Igualmente, me gusta auto criticarme destructivamente cada vez que se me viene en ganas; odio leer lo que escribo, por ejemplo. Un poco complicado, como verán, hasta estoy pensando en que es lo que se verá de mí, a través no de mi descripción sino de mis palabras, a través de la forma en que digo lo que digo. Pero a quien le importa.

Malhumorado, a veces; poco serio la mayor parte del tiempo aunque aparente lo contrario con mi “mira penetrante” y mi voz de “hombre de radio”. Pienso mas de lo que debería y no soy tan decidido como digo ser o como pretendo. Me gusta el humor ácido y joder con la ética y la moral del mundo donde vivimos.

La gente, en general, me aburre, me asusta, me avergüenza y me asquea. Nunca pretendí caerle bien a nadie. No considero mas que un gusano a aquel que no sepa valerse por su propio criterio, por mas equivocado que esté. Rescato a los niños, que aún no tienen el cerebro invadido, a los animales, principalmente a los perros y las historias de los ancianos que se pierden junto con ellos. Y por supuesto a los valientes, que no creen serlo.

Lo que más detesto de toda la vida son las obligaciones sociales, mucho más aun las obligaciones menores, como por ejemplo entrar a comprar a un supermercado y luego de ser escrutado fríamente por la mirada del guardia de seguridad, tener que bancarme, también, esperar en la fila de consumidores infelices viendo la cara amarga de la cajera también infeliz. Odio esperar, no pudo esperar ni siquiera diez segundos.
 
Por todo esto, amigos tengo muy pocos, pero amigos en serio, de verdad, no tengo ninguno. Es que si yo no dijera lo que pienso, más allá de cómo lo digo, dura y fríamente o cálida y respetuosamente, siento como que algo me sube por mi pecho, me ahoga y me dan ganas de vomitar. Ese es mi problema principal, no puedo cerrar la boca. Además, también lo admito, me encanta impresionar a la gente. Nací en el barro “La Cuchilla”, allí vivo y allí aprendí que pese a todo, aun vale la pena pasar un tiempo en esta vida.

lunes, 24 de octubre de 2011

Que cara está la cebolla

Es difícil, mas no ha de ser imposible. Debe haber alguna forma, pero no encuentro las palabras, díganme ¿cómo se explica esa cara que uno pone cuando está haciendo algo “indebido” o reprochable, o sea, cuando se está mandando una cagada? Es una cara que todos pusimos alguna vez, que ponemos de vez en cuando y que, peor  aún, vamos a seguir poniendo.

Es esa cara… soberbia mezclada con vanidad o… no sé, no sé bien! Pero hoy la vi, iba puesta en un remisero, de esos que se mandan como vienen, ha de estar acostumbrado a usarla, la vi y me encantó, no, el remisero era horrible pero esa cara… ese gesto de jodido, casi propio del rey del mundo, te permite mirar a los ojos al otro como diciendo “Estoy haciendo algo que no debo hacer ¿Y? ¡Chupame un huevo!” El remisero, con esa cara y todo, casi me mata pero esa cara, La cara, cara indefinible, me remontó a la infancia por un minuto, allí la debo haber visto y empleado por primera vez, de seguro yo ponía esa cara cuando me robaba los juguetes de otro nene o luego de pegarle un coscorrón a mi hermana en la cabeza.

¿Qué cara es esa, che?

No hay emoticon que la represente, al menos ningunos le hace justicia, a ninguno se le parece. ¡Y ya con eso te digo todo! ¿Cómo a los boludos que inventan esas cosas se les pasó? Es decir, es una cara muy importante.

Es cara de remisero asoretado o de vieja que se cola en la fila de votantes para votar por Binner o de pelotudo que enciende el cigarrillo al revés. Gesto de parpados caídos, mirada frívola; la boca con las comisuras de los labios hacia abajo y la nariz ligeramente fruncida como oliendo mierda. Una mueca tosca (lo leí por ahí). ¡Qué cara!

Bueno me rindo, por ahora. Tengo los ejemplos pero no la definición, me hace falta el concepto teórico, habría que inventar el diccionario de getas, es decir de caras, así no quedaría ninguna sin nombre. Esta cara que tengo ahora sí la conozco, es de desánimo ¿o será de resignación, o es de tristeza? ¡Uh! Que remisero de mierda.

viernes, 21 de octubre de 2011

Relaciones conflictivas

Cada institución, sea ésta de gobierno, civil, social, pública o privada de salud, policial, educativa etc., es poseedora de una buena cantidad de reglas propias, particulares. Leyes o reglas institucionales basadas en un acuerdo claro, establecido desde el comienzo y tácito, implícito al mismo tiempo, al menos en lo que compete a los sujetos que integran tal organización humana.  Difícilmente podrá ser parte de ella aquel, que impertinente, desafíe el orden reglamentado.

Ejemplo, un hospital: en este lugar el director, los médicos de diferentes especializaciones, las enfermeras y hasta los pacientes están condicionados a la ubicación correspondiente dependiendo del rol o función en el que se desempeñen. Nunca una enfermera va a poder sustituir la decisión del director de convocar a un comité de ética para juzgar a un colega por mala praxis, no sería de su competencia, al igual que el director nunca, a no ser en caso de una excepción muy significativa, visitaría a un paciente para preguntarle por sus dolencias, tampoco es de su competencia.

En fin, una gran cantidad de reglas claras, explicitadas e implícitas al mismo  tiempo. Si lo vemos desde el lugar del paciente, todos lo sabemos, no necesitamos que nos recuerden cuales son las cosas que podemos hacer y cuales son la que no podemos hacer. Desde que usted entra a un hospital cualquiera, ya sea a sacarse una muela o amputarse una pierna consumida por la gangrena y ve ese cartel con una enfermera con cara de culo indicándole que haga silencio ya no necesita más instrucciones. Ni que hablar luego de tratar con la soberbia de alguna otra enfermera mal atendida (otra cara de culo pero real) o de algún medico sabelotodo que cree que lo que te pasa es una pelotudes y que se la agarra con vos porque sabe que en su consultorio privado gana más dinero. Está claro que son éstas las reglas que mantienen de pie a la institución y con ello a la organización humana involucrada. Es un estado rígido donde el cuestionamiento es impedido y en todo caso, castigado.

Análisis similares son aplicables a cualquier institución-organización, por supuesto siempre teniendo en cuenta sus riquísimas particularidades; cambian los personajes (en vez de una enfermera mal atendida te encontras con alguna maestra mal atendida, si es el caso de una institución educativa) pero no cambial los roles, las funciones.

Ahora bien, problema comienza cuando por alguna razón  un agente externo se introduce dentro ese sistema de reglas y significaciones institucionales y sociales. Supongamos, volviendo al ejemplo, que al hospital es enviado un joven y apuesto corresponsal de prensa, un agente externo, patógeno, sin duda alguna y al cual las leyes reinantes no le causan mayor efecto.

Es alguien que viene dispuesto a causar el mayor de los males: viene a preguntar y en el mejor de los caso ¡a re-preguntar! Vine, en definitiva, a cuestionar. Para este “cuerpo extraño” no hay cura ni médico, ni siquiera las secretarias del director usadas como antibióticos, como las principales defensas ante la epidemia dan buen resultado. Y cuestionar es una enfermedad cancerígena para este sistema tan restrictivo como necesario y sustentado en el “no preguntes”. Claro, el periodista, sin importar las pocas luces que éste tenga, no sufre las consecuencias que podría llegar a sufrir un médico, una enfermera, ni siquiera un paciente! en caso de “salirse de su lugar”, es que este hijo de puta no tiene un lugar determinado, no se lo puede sermonear ni castigar ni echar.

El conflicto sucedido en las últimas horas y que tuvo como protagonistas principales al directivo del Hospital Centenario al cuerpo médico que atendió al joven accidentado este fin de semana pasado, y claro, al periodismo no es más que una anécdota, una página más en la historia de la pésima relación entre los medios y las instituciones pero también y tal vez más importante, “la gente”, el pueblo que siempre quiere saber. Ah! el ejemplo es muy mal intencionado, perdón.

lunes, 1 de agosto de 2011

Curiosidades sobre Redes sociales en Internet


.Mundo pequeño:

El fenómeno del
Mundo pequeño es la hipótesis sobre que la cadena de conocidos sociales necesaria para conectar a una persona arbitraria con otra persona arbitraria en cualquier parte del mundo, es generalmente corta. El concepto dio lugar a la famosa frase de seis grados de separación a partir de los resultados del "experimento de un mundo pequeño" hecho en 1967 por el psicólogo Stanley Milgram. En el experimento de Milgram, a una muestra de individuos EE.UU. se le pidió que hiciera llegar un mensaje a una persona objetivo en particular, pasándolo a lo largo de una cadena de conocidos. La duración media de las cadenas exitosas resultó ser de unos cinco intermediarios, o seis pasos de separación (la mayoría de las cadenas en este estudio ya no están completas). Los métodos (y la ética también) del experimento de Milgram fueron cuestionados más tarde por un estudioso norteamericano, y algunas otras investigaciones para replicar los hallazgos de Milgram habrían encontrado que los grados de conexión necesarios podrían ser mayores. Investigadores académicos continúan exploranto este fenómeno dado que la tecnología de comunicación basada en Internet ha completado la del teléfono y los sistemas postales disponibles en los tiempos de Milgram. Un reciente experimento electrónico del mundo pequeño en la Universidad de Columbia, arrojó que cerca de cinco a siete grados de separación son suficientes para conectar cualesquiera dos personas a través de e-mail.





.¿Las chicas mandan en el social media?

Un análisis desarrollado por
Brian Solis, experto en el online PR and Social Media destaca que las chicas tienen una mayor presencia en el social media, que incluso, supera la de los chicos. Este análisis de datos sobre las redes sociales se hizo utilizando Google Ad Planner y los resultados muestran la presencia femenina en el social media.

Es curioso como hace tiempo se hablaba que las chicas no estaban involucradas en el mundo web. Ahora las chicas estan haciendo presencia fuerte en las redes sociales. Las chicas dominan las redes sociales!



El porcentaje chicas en las redes sociales:

Las chicas tienen un porcentaje mayor en las redes sociales que los chicos, veamos algunos de los datos que ofrece Brian Solis:


Facebook:
hombre (43%) – mujeres (57%)
Twitter:
hombre (43%) – mujeres (57%)
Myspace:
hombre (36%) – mujeres (64%)

Revisé a cuántas chicas tengo como contacto en mis redes sociales y es curioso como no había notado esa presencia de las chicas y su interacción que puede ser más fluida que la de los chicos.-Dice Brian Solis- Sí les interesa más resultados sobre el Woman Rule revisen el Real Time de Twitter.





.150 amigo

En las primeras organizaciones humanas el número promedio de individuos que integraba los clanes o pequeñas comunidades organizadas no superaba los 150 integrantes, hoy en dia ese número reaparece en el hámbito de las redes sociales de internet. Estadísticamente el número promedio de amigos que posée un usuario de Facebook, por ejemplo, es de 150 si bien muchos superan amplimente ese número, llegando en algunos casos a rondar los miles de contactos, cifras ridículas, la cantidad de amigos con los cuales un individuo interactua, es decir, comprate comentarios, videos, fotos etc siempre se aproxima a ese digito, 150.

Existe una teoría que intenta explicar este llamtivo fenomeno; hace referencia a la capacidad máxima de nuestro cerebro de reconocer, recordar interactuar y covivir con otros seres de la misma especie. Aparentemente el promedio de personas con el cual interactuamos periodicamente no supera los 150, que ya es bastante, aunque ante la infinita capacidad del medio virtual, internet ese número se queda chico.

Desde Gualeguaychu